El queso es un alimento que puede comerse como aperitivo, postre o como plato principal gracias a su gran variedad y sus propiedades nutritivas. Para disfrutar al máximo de su excelente sabor se recomienda sacarlo un rato antes del frigorífico hasta que alcance una temperatura de 20º grados aproximadamente, excepto los quesos frescos que se pueden servir directamente desde la nevera.
La manera de cortar un queso es un detalle muy importante, ya que será decisivo en su posterior presentación, degustación y conservación. En Del Buen Comer.com podemos encontrar una amplia guía de cómo y con qué cuchillo partir cada tipo de queso. Así por ejemplo, el mejor modo de cortar un queso curado en forma de cilindro es en cuña y después en láminas triangulares.
Para preparar un buen surtido de quesos, se pueden aprovechar los distintos tipos de quesos y sus formas, y colocarlos en una tabla de madera dura. Como recomiendan en el blog Secocina, es preferible optar por una tabla de madera para que no absorba los olores y colocar los quesos directamente sin ningún envoltorio. Para hacer las delicias de todos los comensales, el surtido puede componerse con quesos variados, como curados, reserva, untables o cremosos. Es preferible comenzar por los quesos con sabor más suave y continuar por los más aromáticos y con un sabor más potente, como aconsejan en el blog Cocina.
Como acompañamientos a la tabla de quesos se puede optar por panes variados, frutos secos, frutas o incluso hierbas aromáticas, como se recoge en Sabor Mediterráneo. Cualquier tipo de pan es un buen acompañante, aunque existen algunos que encajan mejor con determinados quesos.
El papel de los frutos secos en esta tabla es potenciar aún más el sabor de los quesos curados y la mezcla de hierbas aromáticas refuerza el gusto de los quesos frescos, y más si se condimenta con aceite de oliva virgen extra. Las frutas, por su parte, sirven para limpiar el paladar entre queso y queso.






